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The Four (Michael Ninn, 2012)


La última obra del esteta Michael Ninn, 'The Four', estrenada a principios de este año, ha sido, sin duda, la película porno más esperada del último lustro. Meses de preproducción, meses de rodaje y aún más meses de postproducción culminaron en una batalla por los derechos de la cinta tras la venta de la productora de Ninn a Spearmint Rhino, lo que paralizó su estreno previsto para 2008 y la dejó en un baúl durante 4 años. Tras la espera, podemos respirar tranquilos al ver que 'The Four', sin ser perfecta y siempre bajo el personal estilo Ninn, no decepciona y resulta una de las obras más ambiciosas del director y del porno americano. 


A estas alturas, ya todos sabrán que 'The Four' es una secuela pornográfica (que no una versión X o parodia) de la impactante '300' (Zack Snyder, 2007) que cuenta la historia de cuatro mujeres (Brea Bennett, Renee Perez, Nikki Kane y Cassidey), viudas e hijas de los espartanos que murieron en las Termópilas a manos del ejército persa, que deciden vengar a sus familias y a su pueblo enfrentándose a Jerjes (Marco Banderas) y su ejército con la ayuda de los Dioses.


'The Four' es una película excesiva, impresionante y cuidada hasta el último detalle que culmina la obra cinematográfica de Michael Ninn, rendido ya a los clips para Internet. Lo primero que salta a la vista es su semejanza estilística y estética, casi mimética, a la obra de Snyder, con una postproducción de imagen y sonido sobrecargada, un omnipresente voice-over que nos narra la acción y una épica exagerada al servicio de una historia simple pero contundente con héroes y villanos muy definidos.


Y es que Ninn es, ante todo, un maestro de la imagen. Y, sobre unas escenas rodadas al milímetro a las que no les falta detalle en vestuario y escenografía mediante croma, Ninn nos presenta un montaje brillante, uno de los mejores de su carrera, acompañado de una banda sonora sobresaliente que mezcla la épica orquestal, los tintes orientales, el rock y la electrónica sin perder nunca de vista la imagen, creando un impresionante videoclip.


Por encima de las escenas escenas dramáticas, bien narradas con el habitual estilo contemplativo de Ninn, el espectador se queda con la boca abierta con unas escenas de batalla con coreografías sencillas pero que resultan una auténtica delicia asombrosa para todo aquel amante del cine que se precie.


Por supuesto, la película adolece de las características de los últimos filmes argumentales de Ninn, defectos para unos y genialidades para otros. Ninn pasa demasiado tiempo recreándose en ciertas imágenes (las chicas ondeando al viento en sus presentaciones), secuencias (las introducciones eróticas a las escenas sexuales) y dramas paralelos (la historia de Renee Perez y su marido). Asimismo, abusa del slow-motion y los filtros, y la postproducción a veces no deja disfrutar plenamente de las escenas sexuales. Y, como un guitar hero que se pone delante del cantante, alarga el metraje con pura contemplación, algo que puede desesperar a más de un espectador.


Aún así, Ninn logra en 'The Four' uno de los guiones mejor estructurados de su filmografía reciente, con una clara división de los tres actos y un ritmo estupendo (pese a recrearse en algunas escenas) y nos presenta, por primera vez en mucho tiempo, una historia realmente comprensible en la que el espectador se puede implicar.


¿Y el sexo? Pues debajo la técnica y el estilo y dentro del guión y los accesorios, no podemos olvidar a las protagonistas de la historia y el espectáculo sexual que nos ofrecen. En la mayor parte del metraje, el sexo está a la altura de la parte argumental aunque, como le pasó en 'Sacred Sin', renuncia a un sexo más duro que le vendría bien a la historia y aprovecharía mejor a sus performers en favor del estilo, algo que sí supo conjugar en la impresionante (en todos los sentidos) 'Catherine', protagonizada por Audrey Hollander.


Aunque alguna de ellas sorprende gratamente en su escena sexual, se nota que el cuarteto protagonista (Brea Bennett, Renee Perez, Nikki Kane y Cassidey) no tiene tantas tablas sexuales como algunas secundarias como Amber Rayne o Jennifer Dark. Seguro que Ninn pasó mucho tiempo escogiendo su reparto, muy basado en la estética, pero puso a un cuarteto protagonista demasiado inexperto muy por debajo del nivel de los secundarios y de lo que pedía una producción así.


De hecho, la escena de Dark con el mismísimo Marco Banderas es una de las más intensas de la película, así como el tremendo lésbico que la flexible Amber Rayne comparte con Jana Jordan ante la mirada pervertida del sacerdote. Dos escenas en las que las tablas de los perfomers son una gran baza a favor para lograr un buen número sexual.


Tampoco tiene desperdicio la escena oral de Cassidey, uno de los momentos más hipnóticos y sexuales de la película, con la morena chupándosela a Reno en planos cortos nocturnos, en exteriores, sin música, sólo con el sonido del viento, mientras que de la polla del actor emana el vapor que provoca el frío ambiental en los cuerpos calientes. Impresionante.


Menos morbo tiene el trío lésbico entre Maya Gates, Tristan Kingsley y Veronica Jett, que sucede al tiempo y en la misma sala que la primera escena de Marco Banderas, con Alexis Love. A ambas partes les hubiera ido muy bien un sexo más intenso y más pasión. Por su parte, Renne Perez hace un buen trabajo, sobre todo en la parte oral, en su escena en exteriores, aunque no destaca en conjunto.


Más atrás se quedan escenas como el lésbico entre Brea Bennett y Jennifer Dark, la final entre Nikki Kane y Charles Dera, y la primera, en la que Brea Bennett (que nunca me convenció desde su salto a la fama con Jenna Jameson) tiene con Dera antes de partir a la batalla.


En general, un sexo bien tratado y bien inmerso en la trama, donde nadie se sale del personaje durante la escena (algo esencial en una película así), pero que se muestra demasiado descafeinado en momentos en los que la intensidad se hace necesaria. 


Junto a su guión y todo el despliegue técnico y artístico, Ninn aprovecha un reparto físicamente ideal para cada papel, entre los que destacan la frialdad perversa de Jennifer Dark, estupenda de mala traidora; Marco Banderas, que logra aportar con determinación una presencia difícil de conseguir, en un papel central que le obliga a actuar y mostrar una faceta diferente, y la morena Renee Perez, que resulta el personaje con más personalidad entre las espartanas y la única de las chicas que no usó dobles en sus escenas de lucha. Un buen resultado interpretativo que acaba de redondear un filme hecho para acaparar premios y que pasará a la historia del cine X como el último y exitoso exceso de uno de los genios del porno americano.

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Skip Trace (Robby D., 2012)


Es una pena cuando la falta de ambición o de dedicación echan a perder buenos proyectos. Y es que 'Skip Trace' tenía todos los elementos para convertirse en una gran película: una historia sobre dos rubias y atractivas cazarrecomensas (Jesse Jane y Riley Steele), un director más que solvente como Robby D., un look moderno, una buena caracterización de personajes y un guión fluido y con ritmo. Sin embargo, la película se queda en sólo eso, fachada, ya que termina tras plantear varios conflictos sin un tercer acto, sin emoción, sin resolver nada.


Es posible que ese final pobre que echa a perder la película se deba a que Digital Playground haya querido (aunque no hay noticias de eso) dividir en varias partes la película como hizo con 'Sex & Corruption' y le falten el verdadero nudo de la historia y el desenlace o, al menos, un tercer acto que te deje un buen sabor de boca. Pero la verdad es que, sea como sea, la película crea espectativas para decepcionarte irremediablemente.


Y es que el inicio es más que prometedor. Tras una buena escena de sexo entre Marco Banderas y Holly Michaels, Jesse y Riley irrumpen en el piso del español y le detienen en una buena secuencia de acción que hace que esperes que 'Skip Trace' sea una de esas películas porno de acción de las que ya no se hacen y que encumbraron a Nic Andrews ('Loaded', 'Dark Angels') al estrellato, o te recuerde a una versión más moderna y menos Wicked de la premiada 'Manhunters'. Pero no.


A partir de ahí todo baja un poco de intensidad. Sin embargo, parece que sólo nos están preparando para (siento insistir) un tercer acto potente, conciso y emocionante. Y es que se nos plantean conflictos interesantes como las dudas de Riley de seguir con ese trabajo tras estar a punto de morir. Sin embargo, Robby D. se olvida de que hay que resolver los conflictos planteados con un desenlace con cierto climax y, tras una escena de acción que parece sólo la transición hacia el final, termina la película sin que nada suceda.


Entre medias de este guión tan desigual, Robby nos trae las habituales cinco escenas sexuales. Como he dicho, el espectáculo empieza bien con un siempre efectivo Marco Banderas, que se trabaja más que bien a una voraz Holly Michaels que disfruta con la escena.


Luego llega Riley, que finaliza una conversación con su novio (Mick Blue) sobre los preligros de su trabajo con una escena sexual en la que Riley luce bien su cuerpo, pero sin desmelenarse. Y es que si Riley Steele se soltara en sus escenas, con más fuerza y sin miedo a despeinarse como hace muchas veces su compañera Jesse Jane, se convirtiría en una performer sobresaliente.


La siguiente escena sexual, la de Jesse Jane, nos recuerda a su éxito 'Fighters'. Y es que el gimnasio de boxeo en el que está ambientado es prácticamente el mismo y también folla contra las cuerdas. Esta vez es Erik Everhard el afortunado. Sin embargo, aunque Jesse se entrega con su habitual fuerza y pasión, el espectador se viene un poco abajo al descubrir en los contrapicados de su pecho que la gran estrella de Digital Playground se está haciendo mayor y sus implantes de silicona necesitan un retoque si quiere seguir siendo una actriz de primera línea.


Poco después, Jesse (muy sexy vestida de poli dura y con un peinado que le favorece) vuelve a la carga y se tira al capitán de la unidad (Tommy Gunn). Con él se esmera en el oral, chupándosela incluso con sus enormes pendientes de aro rodeando su polla.


La parte sexual acaba con Everhard seduciendo a Jessie Volt para entretenerla ofreciendo un buena escena de sexo (convencional pero con fuerza) en la que se agradece que Digital Playground incluya de vez en cuando a chicas europeas en sus repartos.


Tras esta escena, Robby D. resuelve la situación y cierra la película con una escena de acción de un minuto que hace perder fuerza a todo lo visto en la hora y media previa. Quizá tengan previsto una segunda parte de una historia más completa pero, al igual que 'Sex & Corruption', la película ya ha sido fallida.

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